I love polka dots (=lunares)

Lunares. Me encantan los lunares. Puede que sea porque soy andaluza o puede que sea porque las estrellas parecen los lunares del cielo por la noche, pero la cuestión es que los lunares son elegantes y originales… ¿Por qué no preparar una boda con lunares?

Invitaciones vintage by Anannoa

Mesa de postres by Amy Atlas

Velo by Bhldn

Farolillos by Fanciful Twist

Sombrilla by Creative Weddings Squarespace

Tarta by Katya Coad para Pipedreams Cakes

Vestido by Valentino. Fotografía by Bayly & Moore Photography

Foto by Bayly & Moore Photography

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Mariposas y libélulas

Ayer fue el aniversario del día que conocí a mi chico y, cuando llamaron a la puerta y fui a abrir, allí me lo encontré con un ramo de doce rosas rojas… ¡Tan clásico y tan romántico! Además, me regaló algunas piezas de bisutería a las que yo ya les había echado el ojo. ¿Mi favorita? La libélula.

Mi libélula

Entonces me di cuenta de que siempre me han gustado los detalles que incluían libélulas o mariposas, aunque no sé muy bien por qué, pero dos películas que me chiflan son “Dragonfly” y “El efecto mariposa”. Además, sí que tengo broches de mariposas, pinzas para el pelo, imanes decorativos con libélulas de la Casa Lis de Salamanca -estilo Art Deco-. Lo último que he descubierto, aunque estos ojos nunca lo han visto, es que existen empresas que te preparan cajas con mariposas vivas, por si en tu boda prefieres insectos preciosos revoloteando en vez de que te tiren arroz o pétalos. Para las interesadas, algunas de sus páginas son: Mariposas en tu boda y Mariposas en tu día.

Por otro lado, he estado pensando en cómo podríamos incluir en nuestra boda algunos detalles maravillosos de mariposas y libélulas. Aquí os dejo algunas ideas (pulsando sobre cada imagen llegaréis al sitio original):

Detalle silla. Style me pretty

Broche de libélula. López Linares

Detalle del vestido de M. Peralta. Brn Concepto

Cinta con mariposas. Cristina Cárdenas

Meseros de mariposas. Style me pretty

Tarjeta. Querida Valentina

Tarjetas mariposas. Las manualidades

Decoración mariposas. Style me pretty

Peineta de diamantes de Beatriz Mira. Revista Hola

Las novias de Vintageous

¿Quién no se acuerda del formidable vestido años’50 que lució Meryl Streep en “Los puentes de Madison”? No solo volvió loco a Clint Eastwood y a su hija, que siempre se lo quería poner, sino que las mujeres de medio mundo desearon tener uno igual. Y hasta Penélope encontró uno espectacular para lucir el día que ganó el ansiado Oscar. ¿Por qué entonces no casarse con un vestido similar, de estilo vintage?

Pues bien, la mayoría de la gente cree que para poder lucir un vestido así de maravilloso el día de su boda tiene que recurrir a algún famoso diseñador -que los hay estupendos, sin duda-. Sin embargo, la página Vintageous posee una colección de vestidos de novia y de cocktail IM-PRE-SIO-NAN-TES que rondan entre los 200 y los 300 $. Más económico imposible. Lo único que debes hacer es seleccionar el que más te guste y te lo envían por correo. Así de fácil.

Érase una vez…

Qué mejor modo de inaugurar La boda de Belisea que comenzar con el principio de todos los cuentos.

Érase una vez una niña que soñaba con ser princesa. Desde pequeña, le encantaba ver las películas de Disney y jugaba con todo tipo de muñecas vestidas a la antigua y cursis, de princesas -las favoritas, por supuesto, esas muñecas dementes cuyos cuerpos no podrían existir en realidad porque serían deformes: las barbies-. Pero recapacitando sobre el porqué de tanta pasión con las bodas, no llego a una conclusión definitiva. En realidad, mi película de dibujos favorita siempre fue “Alicia en el país de las maravillas”, y no es que precisamente ella se vistiese de novia. De hecho, solo caigo en estos momentos en dos princesas Disney vestidas de novia: Cenicienta y Ariel. Creo recordar que el resto de princesas -Aurora, Bella, Rapunzel…- acaban bailando con el príncipe enfundadas en vestidos preciosos de colores, pero son más modernas: no se casan.

Sí, reconozco que siempre me gustaron las princesas. Las de Disney y las de verdad. Antes de empezar a pensar en si algún día me casaría, ya me tragaba todas las bodas reales que echaban por televisión (Mette-Marit, Marie Donaldson, Letizia…), sentada ante la tele con un bol gigante de palomitas. Incluso ante un simulacro tremendo de oposición, no pude evitar tragarme de cabo a rabo el bodorrio de Kate Middleton y el príncipe Guillermo. Quería verlo todo: invitadas, tocados, vestidos, pajecillos…-pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión-. Las bodas son hermosas y aquella mujer que las aborrezca ha vivido de cerca algún mal divorcio o tiene algún problema con el amor. Palabra de bodaficionada. Puede que no quieras casarte por un millón de motivos, pero “odiar una boda o un vestido de novia” son palabras mayores.

Supongo que antes, aunque me gustaban las bodas, no pensaba tanto en la mía futura porque no había conocido a la persona adecuada, pero el príncipe azul apareció hace un tiempo y se desató en mí la locura. Afortunadamente, mi chico conoce mis oscuros designios y no ha salido corriendo. Él es el único que guarda mi secreto y que sabe que, si un día estoy depre, solo el chocolate, un chivitas y una buena revista de vestidos de novia me animan. Gracias por eso, amor mío.

Ahora bien, antes de que la locura bodiaficionada saliera a la luz, yo ya había llorado con una pedida de mano de Youtube, la mejor pedida de mano del mundo. Tiene muchísimas visitas, pero si no la has visto, merece la pena pararte unos minutitos. Eso sí, me encanta exactamente hasta el minuto 6:50, porque a partir de ahí el príncipe azul se columpia un rato… Una boda necesita detalles, preparación, perfección y mimo, mucho mimo. Y eso es algo que a mí me encanta hacer, motivo por el cual inauguro oficialmente La boda de Belisea. Bienvenidas a todas y disfrutad del blog todo lo que podáis, tanto o más como yo lo haré con los posts.

Belisea