Luna de miel en NY

Pues sí, ya he vuelto a casa, si se puede llamar casa a volver a otro país y a instalarse en un nuevo hogar… Pero esa es otra historia y debe ser contada en otro momento.

Mi viaje a Nueva York espectacular, increíble, maravilloso: deja correr tu mente porque aunque te lo hayas imaginado, la ciudad supera todas las expectativas. Lo mío no era una luna de miel, pero he pensado dedicar este post a aquellas parejas que la elijan como destino tras su boda. Cualquier viaje de novios es un viaje único y especial porque estás feliz, enamorada y te acabas de casar, pero si además cambias de continente y lo haces para visitar una ciudad hecha a lo grande -porque todo allí es enorme- los recuerdos perdurarán para siempre y lo pasarás genial visitando todos los sitios que tantas veces has visto en películas y series.

Foto de Macy’s

Ahora bien, aquí van algunas recomendaciones para una luna de miel perfecta y romántica:

1. Coged al menos siete días completos para ver Manhattan. Son necesarios si vuestra intención es descubrir la esencia de la ciudad. Con menos días os perderéis cosas importantes y te quedarás con ganas de más. Eso sí, andaréis y andaréis sin parar, con lo que acabaréis destrozados al final del día. Si queréis conocer bien NY, vais a “patear” lo que no está escrito (unos 15 kilómetros al día), por eso un consejo: lleva el calzado más cómodo que encuentres y, si te lo puedes permitir, coge algunos días de descanso después. Una amiga que se casó hace un año eligió un viaje doble con una semana a la gran manzana y otra de crucero por Jamaica y las Islas Caimán. Si te parece excesivo, intenta tener al menos dos días más tras la vuelta para dormir y descansar.

2. Pasead por Central Park y descubrid sus rincones mágicos. Tiene lagos preciosos y las vistas son increíbles. También podéis contratar un romántico paseo en carruaje.

3. Buscad un hotel cerca de Times Square. Así, tras el cansancio del día podréis ir a contemplar las luces de neón por la noche, que es cuando más impresionan. Además, Times Square tiene restaurantes muy originales para cenar. Entre otros, nosotros estuvimos en Stardust y es divertidísimo, los camareros cantan mientras cenas y lo hacen genial. Os dejo una foto un poco ñoña…

4. Dad un paseo por la Quinta Avenida y entrad en Tiffany’s. Es parada obligada si te gusta Desayuno con diamantes. Mi chico estaba empeñado en que yo tenía que desayunar un croissant viendo el escaparate, ¿te suena?

5. Haceos una fotografía con la estatua de Love que encontraréis en la Sexta Avenida, es un recuerdo genial.

6. Atravesad andando el puente de Brooklyn. Las vistas son increíbles y merece la pena verlo por dentro. Si sois románticos empedernidos, también podéis dejar allí vuestro candado y tirar la llave al agua. Nosotros no íbamos tan preparados.

7. Tomar un ferry para ver de cerca la Estatua de la Libertad es imprescindible. El que va a Staten Island es gratis, pero nosotros elegimos otro que por un módico precio nos acercaba más a ella y nos daba un paseo más largo y con guía (además de dejarnos tiempo de sobra para hacer fotografías). Las dos opciones son válidas, pero es mejor hacer el paseo al atardecer porque la luz acompaña.

8. Tenéis que ver un atardecer desde un mirador (Rockefeller, Empire State…). Nosotros contemplamos la puesta de sol desde el Empire State y fue mágico. Hay que llegar con tiempo de sobra para coger un buen sitio, pero no te arrepientes, te lo aseguro. Os dejo algunas de las fotografías que hicimos y que aún me emocionan al verlas, espero que os gusten:

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Vacaciones y un sueño cumplido

Llegó la hora… Me marcho de vacaciones y me voy a un lugar con el que sueño desde que era niña, o como diría un buen vividor

“A esa ciudad de la que uno ya se está marchando antes de llegar y a la que siempre está volviendo antes de irse. A esa ciudad de taxis amarillos a la deriva como patos de goma en una bañera gigante. La ciudad donde las palomas sufren de insomnio y los chicos de peterpanismo. La ciudad de las quimeras imposibles y los rascacielos impertinentes. La ciudad donde el viento arrastra las hojas de periódico que se mueven como bailarinas de ballet. La ciudad en la que el equilibrio es imposible. Donde las estrellas parecen anuncios luminosos y los anuncios luminosos, estrellas. La ciudad donde no se echa de menos la luna y pestañear es un lujo innecesario. La ciudad de Jackie Kennedy. La ciudad de irlandeses, judíos, católicos, wasps, chinos, italianos, negros, rusos y puertorriqueños. La ciudad con ritmo de swing. La ciudad de las niñas pijas con piernas de gacela trotando por Park Avenue con la bolsa naranja de Hermès. La ciudad de trompetistas cansados y barberos filósofos. De bares regentados por exboxeadores cerca del Madison. De los delis que huelen a pastrami y a café recién hecho. La ciudad donde expiar tus pecados en San Patricio […]” (Manual de un buen vividor)

Me marcho a la ciudad por la que Carrie pasea con un tutú de bailarina y que me hizo soñar por primera vez con unos Manolos…

A la ciudad a la que cantó un día Frank Sinatra una canción con la que solían cerrar la discoteca de moda de Granada cuando yo era estudiante. A la ciudad en la que Chuck esperaba a Blair en lo alto del Empire State para pedirle matrimonio, justo en el mismo sitio en el que unas décadas atrás se conocían Meg Ryan y Tom Hanks.

Me marcho a cumplir uno de mis sueños. Si también es el vuestro, soñad porque es la única manera de que los sueños se hagan realidad. ¡Nos vemos a la vuelta!