Vacaciones y un sueño cumplido

Llegó la hora… Me marcho de vacaciones y me voy a un lugar con el que sueño desde que era niña, o como diría un buen vividor

“A esa ciudad de la que uno ya se está marchando antes de llegar y a la que siempre está volviendo antes de irse. A esa ciudad de taxis amarillos a la deriva como patos de goma en una bañera gigante. La ciudad donde las palomas sufren de insomnio y los chicos de peterpanismo. La ciudad de las quimeras imposibles y los rascacielos impertinentes. La ciudad donde el viento arrastra las hojas de periódico que se mueven como bailarinas de ballet. La ciudad en la que el equilibrio es imposible. Donde las estrellas parecen anuncios luminosos y los anuncios luminosos, estrellas. La ciudad donde no se echa de menos la luna y pestañear es un lujo innecesario. La ciudad de Jackie Kennedy. La ciudad de irlandeses, judíos, católicos, wasps, chinos, italianos, negros, rusos y puertorriqueños. La ciudad con ritmo de swing. La ciudad de las niñas pijas con piernas de gacela trotando por Park Avenue con la bolsa naranja de Hermès. La ciudad de trompetistas cansados y barberos filósofos. De bares regentados por exboxeadores cerca del Madison. De los delis que huelen a pastrami y a café recién hecho. La ciudad donde expiar tus pecados en San Patricio […]” (Manual de un buen vividor)

Me marcho a la ciudad por la que Carrie pasea con un tutú de bailarina y que me hizo soñar por primera vez con unos Manolos…

A la ciudad a la que cantó un día Frank Sinatra una canción con la que solían cerrar la discoteca de moda de Granada cuando yo era estudiante. A la ciudad en la que Chuck esperaba a Blair en lo alto del Empire State para pedirle matrimonio, justo en el mismo sitio en el que unas décadas atrás se conocían Meg Ryan y Tom Hanks.

Me marcho a cumplir uno de mis sueños. Si también es el vuestro, soñad porque es la única manera de que los sueños se hagan realidad. ¡Nos vemos a la vuelta!